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Una vez un viernes


Cuanta ciudad, cuanta sed.
No será un poema, solo un juego de ideas y palabras, la gente lo llama imaginación, yo pienso que vivo ahí.

Hay días y días, en eso todos estamos de acuerdo, nunca un lunes será un viernes y viceversa, los días nublados traen la añoransa del sol; les voy a contar un viernes de mi vida, nada del otro mundo.
Cuando desperté el frío ni iba ni venía, aunque las cobijas sabían comunicarme lo que afuera sucedía, no me dejaban ir y yo las obedecía. Había terminado de leer Los Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes, ahora leía un libro técnico que a algunos compañeros de viaje asusta, es que el subte da para que quien se para a mi lado lea un poco y no entienda ni "J", y bueno, el loco soy yo...
Llegar temprano al trabajo es reconfortante, tener la oficina para mi solo me hace sentir como el autor de un algo importante, ser capitán de barcos de arena, el sentimiento no es eterno, pronto llegan mis compañeros y la sociedad se forma una vez más como todos los días. Las sonrisas, buenos deseos y cuentos de una noche corta se comparten como agua entre las piedras.
El microcentro de Buenos Aires es un lugar donde recuerdos ajenos, vivencias de mi propiedad y de millones más se juntan por momentos, crean escenarios y dan color al gris paisaje.
Hora de almuerzo, decido ir a un lugar típico e histórico, el porqué de eso queda para historias de ciudades y migrantes; me embarco sólo en ésta empresa, el resto tiene su almuerzo preempaquetado y listo para revivir en el microondas.
Elegí Paulín, los sanduches voladores, es un lugar increible, sincronización, rapidéz, la gente que en sus oficinas vive estresada viene a estresar a los mozos del lugar, pero eso es imposible, parecen inmutables al mal trato o a la desesperación, al tiempo, es solo su mundo, no se equivocan saben lo que miles de personas les piden y saben quien pidió qué! Me siento en primera fila, quiero verlo todo, se que ni en mil años podría igualar las capacidades de estos lords del sanduche, me encantaría leer un reportaje de la rolling stone de este lugar o en su defecto en SOHO (revista de la que era asiduo lector), no se si en el lugar había música, indispensable en mi planeta para la subsitencia, más el ritmo lo impusieron los platos las ordenes de los pedidos, la multitud apretada en tan pocos metros cuadrados, si me dieran a elejir una canción para el lugar, le donaría "Jump" de "Van Halen", siento ese ritmo cuando voy a Paulín; hay que partir, las obligaciones solo esperan lo que dura la hora de almuerzo.
La tarde en sociedad persiste, no hay mucho que contar, comento de mi aventura en Paulín, llamo la atención por ser extranjero preocupado de un lugar de antaño, me dan sonrisas a cambio de mis palabras.
La tarde finaliza con la despedida de siempre, un chao, hasta mañana, el ritual del nos volveremos a ver pronto que siempre acompaña al ocaso que no observo desde entre los edificios y sus techos eternos.
Emprendo la marcha y me dirijo a casa, me espera el mismo camino que me vió venir en la fresca mañana, más odio la monotonía y prefiero caminar un par de cuadras más, observo los miles de trajes, vestidos, medias y zapatos sacados de las vitrinas de algún lugar tomando vida, acompañando a los seres vivientes que viajan dentro de ellos, miro las desesperaciones por llegar a algún lugar, las urgencias y hasta desorbitados ojos de alguien que necesita de la companía que encontrará tal vez en casa.
Me lo tomo con calma, se que al llegar a la estación del subte me espera una banda que toca canciones de Pink Floyd por unas cuantas monedas de los que no les queda apuro por llegar a algún lugar. Los miro siempre desde lejos, disfruto de la buena melodía y bajo las escaleras que me llevarán a la oruga que me transporta todos los días al lugar que llamo hogar.
Vuelvo a sacar mi extraño libro, vuelven los sustos para mis acompañantes, no es una novela, no saben como reaccionar, termino el trayecto, solo faltan unas cuadras, la oruga se ha librado de mi, paso por el cine, la panadería, el supermercado chino de la cuadra, obtengo acceso al edificio que sirve de mi resguardo y termino mi día.

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