
Hoy quiero compartir un extracto del libro que estoy leyendo de cierto modo me da bronca, acá va:
"Manfred, empresario de Software
(un encuentro en Johanneshaus)
Yo tenía una pequeña empresa de informática en la que trabajaban diez empleados. Programación de sistemas para grandes empresas. Una de estas, proveedora de repuestos para Audi en la zona de Stuttgart, me dejó una deuda de un millón doscientos mil euros. La llevaron a juicio por fraude con las subvenciones. El estado fue el primero en intervenir. Pero yo dejé de cobrar por mi trabajo y me condenaron por arrastrar una situación de insolvencia; me esforcé durante mucho tiempo para salvar mi negocio, el trabajo de toda mi vida. Había ocultado su verdadero estado. Me pasé cinco meses en la carcel. Después cuando salí, ya no me quedaba nada, tampoco donde vivir. Y nada de dinero, claro. Desde entonces, desde hace un año exactamente, conozco centros para indigentes.
He intentado encontrar trabajo en toda la República Federal, de norte a sur. Pero es difícil, por supuesto: ¡un ingeniero diplomado con antecedentes penales! Sólo representa un problema para la seguridad.
Antes formaba parte también de la junta de la iglesia de mi ciudad natal, repartía comida para la mesa de los pobres, sin cobrar. Ahora ni siquiera tengo un euro para comer en los restaurantes para los necesitados. Me han dejado caer. No conseguí nada.
También he dormido a veces en la calle. Cuando no había plazas libres en un albergue y nadie estaba dispuesto a ayudar con camas de emergencia. ahí estaba yo. La última vez fuen en Karlsruhe. Me pasé la noche dando vueltas.
Una de las experiencias más feas fue la que tuve en Frankfurt, en el campamento de contenedores de Ostpark. ¡Cuatro personas en un mini contenedor! Hasta un perro tiene más espacio. Dos literas dobles; el que duerme arriba está como acorralado, solo hay treinta centímetros de la litera al techo, y una mesa y dos taburetes. Es decir que sólo pueden comer dos personas a la vez. El lugar tiene mala fama porque ahí tienen a la gente como en un campo de concentración.
Pero también viví cosas muy bonitas. Parecía una comunidad cristiana primitiva, la gente lo compartía todo. Había que compartir, no valía que uno simplemente se sentara a comer y los demás sólo mirasen. Esa solidaridad era asombrosa, y en cierto modo resultaba casi increíble que hoy día pudiera darse algo así.
Lo malo fue Múnich, donde dormí en el ejército de salvación, en la Sendlinger Tor, con dieciséis personas en la misma habitación, en el sótano. Te daban un billete de coche-cama, el mío decía 'Sotano 1'. No tenía ventanas, nada. Sólo una claraboya de vidrio. ¿Higiene? Para lavarse o ducharse había que cruzar semidesnudo de unos veinte a veinticinco metros de largo. No había ni un lugar para colgar tus cosas.
En Frankfurt conocí al director de una caja de ahorros que de repente se quedó en la miseria por culpa del divorcio. Y los nervios no lo resistieron. También vivía con nosotros en el contenedor un constructor de maquinaria. He conocido a personas de todos los niveles profesionales, desde maestro panadero a cocinero. Muchos habían perdido todo lo que tenían y psíquicamente estaban en las últimas. También había un médico que había perdido la autorización para ejercer, por culpa del alcohol. Un problema que las normas de los dormitorios de emergencia incluso agravan. Si uno quiere tener un lugar fijo, tiene que demostrar un problema con las drogas o con el alcohol. ¡En realidad por eso mismo empiezan algunos a beber! Absurdo.
Antes, naturalmente, tenía una opinión muy distinta sobre estas cosas. Se deja uno contagiar por los llamados principios. 'El que no produce nada es escoria' y cosas por el estilo. Aunque yo si estaba comprometido social mente. Pero eso era una especie de bula. No van al fondo del verdadero problema. Desde que soy un sin techo, sé lo rápido que se cae en eso".
Del libro: "Con los perdedores del mejor de los mundos" - Günter Wallraff
Si bien soy consciente de que es una situación un poco rara para América, la pongo solo para mostrar un ejemplo que los seres humanos solemos ser inhumanos; suele cambiar el lugar y el momento, pero a nuestra manera particular lo somos; deberíamos pensar un poco en el respeto a los demás, en buscar maneras de coexistir con nuestras diferencias.
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